lunes, 30 de julio 2012

"Mi lugar en el mundo está en Argentina"

El Centro de Estudios Andaluces publica una investigación sobre la inmigración andaluza en Argentina durante la Guerra Civil y la posguerra que ahonda en las circunstancias que desencadenaron este flujo migratorio.


Entre 1936 y 1960, millares de andaluces arribaron al puerto de Buenos Aires siendo niños o adolescentes para escapar de la guerra, el hambre o la falta de libertad. La mayoría no volvió. Hoy relatan la historia de su vida desde el exilio.

Fotografías: Museo Nacional de la Inmigración (Argentina)

Fernando, natural de Granada, fue un “niño de la guerra”. Llegó a Argentina con 8 años en el buque ‘Alsina’, en abril de 1939, 20 días después de embarcar en el puerto de Marsella junto a sus padres. El origen de su historia no difiere mucho de la de otros “niños de la guerra”, obligados junto a sus familias a escapar de la contienda en España acuciados por el hambre y la precariedad, en muchos casos, y en otros, por la persecución política o la falta de libertad que en aquel momento les eran ajenas.   

Fernando Víctor Reyes Mingorance, su nombre completo, era hijo de republicanos. Su padre, médico de profesión, trabajó para el gobierno de la República en el Servicio de Información del Consulado de Sète (en el sudeste de Francia). Su madre también colaboró activamente dirigiendo en esta ciudad una colonia de niños huérfanos, hijos de republicanos. Tras perder la guerra, la familia se vio abocada al exilio. 

La madre de Isabel Castellano Carmona y el padre de Manuel García Ferré eran también del bando de “los perdedores”. Isabel abandonó su Málaga natal en brazos de su madre, con sólo 3 años. A su padre lo enviaron a combatir al frente de Barcelona y desapareció, nunca supo qué fue de él. No recuerda nada, ha tenido que reconstruir la historia de su exilio gracias a la información oral de su abuela y de su propia madre, a quien define como “una mujer de izquierdas”. Manuel, sin embargo, dejó Almería cuando contaba con 17 años. Vivió con angustia el apresamiento de su padre “por rojillo” al terminar la guerra y, aunque fue puesto en libertad, se topó con numerosas dificultades para encontrar trabajo. Él se reconoce como un “inmigrante del hambre”. 

Son hombres y mujeres andaluces que, por una u otra causa, “sufrieron el desgarro de abandonar su tierra para buscar un futuro mejor en la República Argentina”. Así reza en la dedicatoria del libro ‘Inmigrantes andaluces en Argentina durante la Guerra Civil y la posguerra (1936-1960)’, fruto de la investigación de la profesora titular del Departamento de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Granada, María Enriqueta Cózar Valero, financiada y publicada por el Centro de Estudios Andaluces. Un trabajo que nace de la “necesidad de recuperar la memoria social de la inmigración andaluza en Argentina”, país que acoge en la actualidad a la mayor colectividad de andaluces en el exterior: más de 44.000, según el Padrón de Residentes Españoles en el Extranjero, con fecha de 1 de enero de 2012.

Entre mediados de los años 30 y la década de los 60, Argentina vive un segundo auge económico que estimula una nueva oleada migratoria. Se estima que durante estos años llegaron en torno a 300.000 españoles al puerto de Buenos Aires, sin embargo, esta etapa migratoria se halla aun escasamente documentada más allá de las estadísticas oficiales. No ocurre así con el primer gran ciclo migratorio que arrancaría a finales del siglo XIX y alcanzaría su punto álgido en las primeras décadas del siglo XX. En este periodo, italianos y españoles aportaron las tres cuartas partes de esa gran oleada migratoria en la que los andaluces, principalmente almerienses, granadinos y malagueños, ya representaban un porcentaje superior al 15%.

El trabajo de investigación de María Enriqueta Cózar es el primero en detenerse a estudiar la inmigración de andaluces en Argentina durante la Guerra Civil y la posguerra a partir de la explotación de fuentes primarias de información, los conocidos como libros de desembarco, que recogen los listados de pasajeros extranjeros que llegaban al puerto de Buenos Aires. Durante los 25 años que abarca el estudio, del total de 295.644 españoles registrados, 26.593 eran de origen andaluz. 

Las fuertes raíces de la memoria

Entre los primeros andaluces en llegar a tierras argentinas se encontraban los abuelos de Fernando, Isabel y Manuel. Ellos enviarían la “carta de llamada” indispensable para permitir la entrada en el país de sus familiares. Este documento representaba la única forma de poder ingresar en Argentina como inmigrante legal y no tener problemas a la hora de buscar trabajo. 

El abuelo materno de Fernando había llegado en 1890 huyendo de ser enrolado entre los jóvenes que enviaban a la Guerra del Rif, y allende se estableció y prosperó, siempre con la idea de regresar a España. “Mi abuelo tenía bienes, era un indiano, dueño de una talabartería y de varias propiedades inmobiliarias en Junín (provincia de Buenos Aires)”, recuerda. 

Fernando acabó heredando las inquietudes políticas de sus progenitores que le llevarían a militar en la Unión Republicana Juvenil Española. Pero por ser republicano en Argentina acabó siendo encarcelado durante una semana en la Sección Especial de Lucha contra el Comunismo. Trabajó como autónomo, ganándose la vida en la recuperación de la plata de los residuos fotográficos. Se casó con una argentina, tuvo tres hijos, uno de los cuales permaneció desaparecido diez días durante la dictadura militar argentina, en represalia, cree, por su pasado republicano.

Regresó a Granada en 2006 con un viaje del Imserso y aunque no tenía recuerdos de la ciudad de la que se marchó siendo muy niño, sí que conservaba la dirección del hotel donde vino al mundo, propiedad de su familia parterna, el Hotel Europa, en la calle Fábrica Vieja, abandonado hace más de treinta años. Allí comprobó, al asomarse por una de sus ventanas, que la vista apenas difería de la imagen que conservaba de una vieja fotografía de su tía. “No pude contener la emoción”, asegura.

Fernando, que se define como “español del Río de la Plata, republicano y monárquico”, porque considera que “el rey ha hecho mucho por España”, nunca quiso tomar la nacionalidad argentina, pero toda su familia sí tiene la nacionalidad española.

A diferencia de Fernando, Isabel ha vuelto más veces a España. Desde su llegada a Buenos Aires sufrió numerosos cambios de residencia, por lo que sólo llegó a concluir estudios de secundaria. Su madre se puso a trabajar como empleada en una tienda de españoles hasta que se volvió a casar, pero como “siempre ansió volver a España, convenció a mi padrastro para regresar y montar un nuevo negocio”, que acabaría fracasando, por lo que se vieron obligados a partir de nuevo hacia Argentina. Al poco de llegar se casó y se fue a vivir con su marido a la provincia de Entre Ríos, al norte de Buenos Aires. “Allí comprobé que había descendientes de españoles que no sabían ni dónde estaba España, lo que me dio mucha tristeza”. Isabel colabora en la actualidad con la Asociación de Niños de la Guerra en Argentina, en la que ha emprendido una ardua tarea, “ya que son personas muy mayores y residen en un país de enormes dimensiones”, pero dice ser feliz ayudando a sus compatriotas.

Manuel también recuerda que al llegar a Buenos Aires su padre contactó con exiliados españoles, y los sábados, después de comer, acompañaba a su padre al Café Español en la Avenida de Mayo. “Recuerdo que iban Sánchez Albornoz, el coronel Rojo, el coronel Monasterio, Alejandro Casona y varios periodistas famosos”. Se hacían colectas para ayudar a los republicanos españoles, “pero luego se diluía todo porque no era muy fácil la vida para los exiliados españoles acá”. 

Pero la historia de Manuel es peculiar también por otras razones. Es uno de los andaluces que logró éxito en Argentina. Siendo adolescente comenzó a desarrollar inquietudes artísticas. Con 18 años ya no sólo hacía dibujos animados sino que comenzó a escribir guiones. Es el creador de personajes como ‘Calculín’, ‘Hijitus’ y ‘Oaky’. Creó su propia revista infantil, ‘Anteojito’, que alcanzó unas ventas de 400.000 ejemplares cuyos beneficios le permitieron crear una editorial y ser productor de cine y televisión. Pero su obra más conocida en España es, sin duda, ‘El libro gordo de Petete’, serie infantil emitida por TVE durante la década de los setenta y los ochenta e impresa por el Círculo de Lectores. 

Manuel viaja todos los años a España para visitar a amigos y familiares, pero parafraseando el título original de la película argentina de Adolfo Aristarain ‘Un lugar en el mundo’ (1992), reconoce: “mi lugar en el mundo está en Argentina”.

La imagen de Andalucía de ayer y hoy

Como Fernando, Isabel y Manuel, la mayoría de los andaluces que llegaron a Argentina durante la Guerra Civil y la posguerra son hoy personas mayores, están jubilados o en edad de jubilarse y perciben, en su mayor parte, pensiones españolas gracias a la Ley 3/2005, de 18 de marzo, por la que se reconoce una prestación económica a los ciudadanos de origen español desplazados al extranjero durante su minoría de edad, como consecuencia de la Guerra Civil, y que desarrollaron la mayor parte de su vida fuera del territorio nacional.  

“Los andaluces que llegaron a Argentina entre 1936 y 1960 conservaron el recuerdo y la añoranza de su tierra y la imagen también de una Andalucía cuyo subdesarrollo les empujó a la aventura de la emigración”, explica Cózar. Muchos de ellos han viajado años después a sus lugares de origen y han sido testigos de la profunda transformación que se ha producido. “En el imaginario colectivo de los andaluces en Argentina aparecen esos dos rostros: el pasado y el presente de Andalucía”. 

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